La eterna cantaleta que envuelve a la selección de México es la misma de cada cuatro años: ¿cuándo diablos nos vamos a codear con la crema y nata del futbol mundial? Por angas o por mangas, el bendito quinto partido —y ya ni hablemos de los cuatro grandes— nomás se nos niega. Nos encanta jugar como nunca para terminar perdiendo como siempre.
De este drama nacional, Óscar el “Conejo” Pérez se las sabe de todas, todas. El hombre tuvo muchas horas de recorrido en la cancha como el mero bueno en Corea-Japón 2002 y Sudáfrica 2010, y ahora le toca desmenuzar el asunto desde el micrófono. Por eso, cuando el “Conejo” habla, la raza calla y escucha.
En una plática sabrosa con La Opinión, el exportero no se anduvo con rodeos ni tibiezas. Soltó varias verdades y dejó claro que el salto del Tri en el último Mundial no fue mala suerte, sino el reflejo de lo que somos en el mapa futbolero.
El eterno “ya merito” que nos endulzó el oído
Fiel a su estilo bonachón pero directo, Pérez reconoció que nos volvieron a vender espejitos y compramos todo el combo:
“Yo creo que es nuestra realidad. La primera fase nos hizo ilusionar un chorro; pensábamos que ahora sí México iba a trascender y a llegar más lejos. Pero al final volvimos a quedar parados en la misma aduana de siempre y ni modo, ahí seguimos estancados”, soltó con una estela de realidad más apegada a la resignación.
Y es que, aceptémoslo, el respetable se dejó querer por el arranque. El cuadro comandado por Javier el “Vasco” Aguirre se vio bien, corrió lindo y metió la pierna con ganas, haciendo que hasta el más escéptico pensara que esta vez sí rompíamos la maldición.
“Lo que se vio al principio fue pura emotividad, algo muy padre. El equipo andaba parejito y avanzaron caminando, con paso perfecto. Ahí sí, hasta yo me la creí y pensé que estábamos para cosas mayores”, confesó el exguardameta de Cruz Azul.
Mucho ruido y pocas nueces
Pero al “Conejo” no le gusta tapar el sol con un dedo. Una cosa es el romance de los primeros partidos y otra la cruda realidad de las rondas definitivas. Para el hoy analista de Hi Sports y ESPN, el futbol mexicano sigue atrapado en el mismo laberinto.
“Lo malo del cuento es que nos quedamos exactamente en el mismo bache de otros mundiales. Se supone que vas a la fiesta grande a mejorar lo que hiciste en el pasado, a superar la tarea previa, pero a la hora de la hora, nomás no se pudo”, remató sin anestesia.

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