Dicen que el miedo no anda en burro, y al mandamás de la FIFA, Gianni Infantino, no le quedó de otra más que meter el freno de mano antes de que la sangre llegara al río.
Tras el portazo en la cara que recibió su brillante idea de privatizar y exprimir comercialmente los torneos de la entidad que preside, el suizo optó por la paz de los sepulcros y mandó a la congeladora el polémico proyecto FIFA Forward Enterprise, ese que supuestamente iba a bañar en oro a la llamada “familia del fútbol”.
Statement attributable to the FIFA President
The FIFA Forward Enterprise project was intended to provide a basis for further strengthening our FIFA Member Associations and our sport worldwide, especially in those countries where support is most needed. And more so, as we said?
— FIFA Media (@fifamedia) July 31, 2026
A Infantino se le olvidó que la ambición rompe el saco. El teatro se le vino abajo en cuanto el frente opositor se le plantó firme en la cancha: la Conmebol y la CAF (Confederación Asiática) no se quisieron quedar atrás y se sumaron al bloque de hierro de la UEFA y la Concacaf.
Nadie en su sano juicio iba a regalarle las perlas de la virgen a inversores extranjeros o fondos de Nueva York vinculados a la política gringa, por más que la filtración a los medios hablara de una jugosa bolsa de 20 mil millones de dólares. El amago de boicot europeo de no jugar los Mundiales fue el tiro de gracia que lo obligó a recular.
Viendo que se le venía una auténtica rebelión en la granja, al jefe máximo de Zúrich no le quedó más remedio que sacar el extintor y lanzar un comunicado con una diplomacia tan ensayada que hasta da ternura:
“El proyecto FIFA Forward Enterprise tenía como objetivo sentar las bases para fortalecer aún más a nuestras Asociaciones Miembro… Sin embargo, tras haber escuchado atentamente todas las opiniones, ha quedado claro que el proyecto ha generado divisiones… Por lo tanto, esta propuesta no seguirá adelante. Mi intención es volver a reunir a todas las partes interesadas”.
Traducido al cristiano: el negocio se les fue de las manos, los federativos le pintaron su raya y, antes de provocar un cisma histórico que le costara la silla presidencial en las elecciones, la FIFA prefirió guardar los contratos bajo llave y hacer de cuenta que aquí no pasó nada.
¿Y los billetazos para los de abajo?
El verdadero chiste del asunto es que Infantino quería justificar este atraco argumentando que el dinero era “por el bien de los más necesitados”. Les había prometido a las federaciones pequeñas e isleñas —esas que viven del cheque de Zúrich— triplicarles sus bonos hasta los 40 millones de billetes verdes si firmaban el pacto con el diablo comercial.
Al caerse el teatro de la privatización, esos países se van a quedar con las ganas de estrenar canchas y oficinas. Por su parte, la gente de pantalón largo en Doña Fede (FMF) y el resto de la Concacaf respira aliviada; prefieren seguir explotando su propio negocio con el mercado “paisa” en Estados Unidos que entregarle las llaves del negocio global a un fondo privado que los obligara a rendir cuentas transparentes.
Al final, el fútbol “de los románticos” no ganó nada; simplemente, los dueños del balón defendieron su mina de oro.






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