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Daniella Ramírez, la estrella de natación artística que sueña con LA 2028

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La sincronía entre natación, danza y gimnasia de ocho jóvenes, concentración absoluta y el dominio de la respiración bajo el agua se conjugaron en un verano memorable e histórico en París 2024. Fue ahí donde Daniella Ramírez brilló junto al equipo de natación artística de Estados Unidos para colgarse una medalla de plata olímpica, la primera presea para el país en esta disciplina en dos décadas.

Pero tras la gloria, llegó un vacío inesperado para varias de ellas, incluyendo a Ramírez.

“Fue alcanzar un nivel muy, muy alto y luego volver a la normalidad, lo cual supuso un gran cambio para mí”, confiesa Ramírez, una estudiante de arte en UCLA, criada en Miramar, Florida. “Perder compañeras, adaptarme a un nuevo equipo… fue bastante difícil”.

La rutina de la piscina exige más que fuerza física y sincronía: requiere de una gran fuerza mental. Ramírez habla sin rodeos de algo que no se conversa lo suficiente en el deporte, la salud mental tras la competencia de alto rendimiento.

“Se cuida mucho al atleta antes y durante el torneo, pero no tanto después. Y eso también es importante”, asegura la nadadora artística de 23 años.

Ahora, con Los Ángeles 2028 en el horizonte, Ramírez vuelve a iluminarse. No será un escenario cualquiera pues la competencia será en la ciudad que ha considerado su hogar desde 2021. El Long Beach Aquatics Center, donde se disputará esta disciplina en 2028, será el epicentro de un sueño que mezcla esfuerzo, sacrificio y orgullo por sus raíces.

“No creo que me lo perdería por nada del mundo. He escuchado los gritos en torneos locales, pero en tus propios Juegos Olímpicos… no hay nada que se acerque a eso. Será como el paraíso”, dice Ramírez al imaginarse cómo será Los Ángeles 2028.

De cara a las olimpiadas que se celebrarán en menos de cuatro años, Ramírez espera llevar la experiencia de ganar una medalla de plata, pero también busca dosificar las fuerzas a lo largo de un exigente ciclo olímpico de cuatro años.

“Es una de las atletas más fuertes que tenemos en el equipo. Aporta mucha experiencia, mucha fuerza y habilidades a la parte acrobática de la natación artística y al equipo”, dijo Lara Texeira, Jefa del Deporte de Natación Artística de EE.UU. sobre Ramírez.

Daniella Ramírez es una atleta de tercera generación y estudiante de arte en UCLA.

(Getty Images)

El equipo ha cambiado, ya que solo cuatro de las ocho atletas que compitieron en París siguen en la plantilla. Entre novatas como Emma Moore y veteranas como Ramírez, EE.UU. busca reconstruirse rumbo a la World Cup Series 2026 y los Juegos Panamericanos 2027. De las 25 atletas que entrenan, solo ocho representarán a EE.UU. en Los Ángeles.

La presión será inmensa, pero es algo que el equipo olímpico sabe de antemano.

“La presión es un privilegio”, apunta Texeira. “Y este grupo tiene algo especial. Probablemente sea uno de los equipos más fuertes que hemos tenido”.

Para la familia Ramírez, la presea de plata de París fue más que una medalla. Fue el resultado de varias madrugadas en las que se despertaban desde muy temprano para ir a entrenar, horas diarias en la alberca, así como de la fe de una familia inmigrante.

Los padres de Daniella, Carolina y Fernando, fueron atletas de nado sincronizado y clavados, respectivamente, en Venezuela.

Fernando, papá de Gabriella, posa junto a su hija y su esposa, Carolina, durante un torneo internacional.

(Cortesía Familia Ramírez)

“Queríamos que nuestra hija tuviera oportunidades. Y ver su medalla fue como ver que todo había valido la pena”, describe Ramírez al recordar el momento en el que su hija se colgó la medalla de plata, un premio al sacrificio que los Ramírez han hecho durante décadas.

“Quería que mis papás se sintieran orgullosos, demostrar que ser inmigrante no es una desventaja, sino una ventaja. Venir de la nada te da una perspectiva diferente”, afirma Ramírez.

La abuela materna de Ramírez también practicó natación sincronizada, por lo que Daniella es la tercera generación que busca la gloria bajo el agua, llevando la historia familiar hasta los Juegos Olímpicos.

“Quería que mis papás se sintieran orgullosos, demostrar que ser inmigrante no es una desventaja, sino una ventaja”

— Daniella Ramírez, nadadora artística del equipo de EE.UU.

Ramírez ya ha hecho sus propios sacrificios. En 2015 se mudó a los 15 años, sin sus padres, a Moraga, California, para tener mejores oportunidades en el equipo de natación olímpica de Estados Unidos. Aunque tuvo retos al vivir sola, la experiencia le enseñó a ser autónoma y autosuficiente.

“El reto más grande ha sido estar sin su familia, sin sus amigos”, dijo Fernando al hablar cómo su hija no tuvo una vida normal, pues pasaba muchas horas entrenando en la alberca, faltando a fiestas y reuniones.

Entre las metas de Ramírez, está el dar a conocer más el deporte. En París se hizo viral su rutina de preparación del cabello antes y después de competir, ya que atrajo cientos de millones de vistas en redes sociales.

Gabriella Ramírez (izq.) es estudiante de UCLA, aunque la universidad no tiene un equipo de natación artística.

(Foto Cortesía Fernando Ramírez)

“Uno de mis objetivos es dar a conocer este deporte, porque merece reconocimiento. Si es a través de nuestro cabello, fantástico”, dice Ramírez.

Pero su mensaje va más allá de lo estético. Defiende con fuerza la dureza de la disciplina. El deporte se ha hecho más rápido con el paso de los años, además de más complejo, con cambios en las puntuaciones y una mayor presión hacia los atletas. A pesar del estigma, las nadadoras artísticas buscan que la gente entienda que el deporte requiere de muchas horas de práctica y de atletas de tiempo completo.

“Probablemente sea el deporte más difícil del mundo, aunque nadie me crea. Aguantar la respiración, soportar la presión, la acrobacia… todo mientras sonríes”, describe Ramírez.

Hoy, entre entrenamientos, Ramírez piensa también en su futuro académico, pues ahora se enfoca en graduarse de UCLA y quizá seguir los pasos de su madre en la arquitectura. Pero sabe que la cuenta regresiva hacia 2028 ya comenzó. Por ahora, prefiere centrarse en la siguiente meta, el Mundial de 2027.

“Ese es nuestro objetivo inmediato. Sentar bases sólidas para que el equipo pueda soñar en grande”, asegura Ramírez .

Mientras Los Ángeles se prepara para recibir al mundo, Ramírez sueña con volver a escuchar la ovación de la afición en las gradas. Esta vez, en casa.

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