Italia gana la Eurocopa

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Los de Mancini, campeones de Europa tras superar el gol inicial de Shaw y vencer en su segunda tanda de penaltis / La ‘azzurra’ vence tras no estar en el Mundial Rusia / Es su segunda Euro tras la de 1968.

El Renacimiento llega en Wembley, un segundo Renacimiento, ahora futbolístico, para esta Italia ejemplar, surgida de las cenizas de una campeona, reconstruida con criterio, buenas formas y ambición. Ha dado un paso adelante en su juego sin olvidar lo mejor de su ADN, su capacidad competitiva, su resistencia y su fe, ejemplificada en Chiellini, veterano de todas las guerras, con aspecto de un personaje del esplendor de ‘Cinecittà, pero también en el joven Donnarumma, erguido como un ciprés de la Toscana, héroe, hoy, de Turín a Sicilia.

Esta Italia que no estuvo en el último Mundial, sale del purgatorio con un título, capaz de resistir a lo mejor de una España emergente, de sobrevivir a dos tandas de penaltis y de acallar a un Wembley ebrio antes de levantar la copa. El ‘premier’ Boris Johnson había anunciado un día festivo si se ganaba. El fútbol recomienda ser prudente, incluso tras un gol a favor, como el que encontró Inglaterra en su fulgurante arranque. De ahí en adelante, en cambio, no quiso ser imperial. Italia lo soñó. Forza azzurra!!

Es una digna campeona para esta Euro, la segunda que levanta después de la de 1968, como lo podría haber sido Inglaterra, las dos selecciones más estables, bien dirigidas por Roberto Mancini y Gareth Southgate. En el pulso final fue mejor el primero. Hasta los cambios hechos por el inglés para los penaltis, Rashford y Sancho, fallaron para los ‘pross’ en los lanzamientos. Un penalti errado condenó a Southgate como jugador, en el 96. Otros como seleccionador, pero ello no impide valorar su trabajo. Inglaterra no es el desastre del pasado. La hazaña del 66, de los CharltonMoore y Stiles, queda muy lejos.

TRIPPIER Y SHAW

Southgate empezó con tres centrales, algo que ya hizo en el Mundial de Rusia. Tiene las herramientas: defensas del altísimo nivel, de enorme despliegue y rápidos en la anticipación, y laterales largos y precisos con el pie. Son los carrileros, especialistas con un protagonismo especial en esta Euro. Mancini había perdido al mejor, Spinazzola, Una vez en la final, Southgate afiló a los suyos, al alinear a Trippier en la derecha y dar vuelo a Shaw en la izquierda. Una decisión arriesgada en el día D, susceptible de ser tachada de conservadora si algo salía mal. Dos minutos la convirtieron en audaz: el centro de Trippier, medido, lo cazó Shaw en la izquierda para batir a Donnarumma y poner a Italia patas arriba. El error inglés fue proteger demasiado el botín. No pensaron como corsarios.

Antes de que Mancini pudiera ajustar el funcionamiento de su equipo a la maniobra de su homólogo, estaba en la situación más comprometida de todo el torneo, por detrás en el marcador. Jamás le había sucedido en la Euro. Luis Enrique también sorprendió al técnico italiano, al convertir a Olmo en un ‘nueve falso’, pero España no logró marcar en el tiempo de desconcierto ‘azzurro’. Lo consiguió, en cambio, la selección que no había encajado más que un gol en todo el torneo. La coyuntura convertía a un Wembley hilarante, convertido en el campo de batalla de una causa nacional, en un ‘ochomil’ para los italianos. La forma de atacarlo fue ejemplar.

La antesala del gol inglés había dejado ver la activación de una pieza clave. Era Harry Kane, un ‘nueve’ que empezó fuera del área, hecho que desconcertó a Bonucci Chiellini. Si iban tras Kane, dejaban el área; si se quedaban, el delantero encontraba grietas entre las líneas. Kane conectaba con Sterling, dispuesto a probarlo todo, o basculaba hacia las bandas, donde Shaw arrancó desatado. Este lateral por el que el United pagó cifras de récord cuando era un juvenil ha estallado esta temporada en la Premier y con su selección.

Inglaterra tenía, pues, la oportunidad de aprovecharse de una Italia que estaba fuera de sus coordenadas, muy largo el equipo de Mancini, con espacio a la espalda de Verratti y Jorginho. En cambio, prefirió asegurar, con la consigna de no dar espacios a la contra de Italia, una de las selecciones con más velocidad en las transiciones. Que no corran, era el mandato de Southgate, apoyado en Rice y Phillips, dos mediocentros emergentes. Hubiera sido mejor mandar a los suyos seguir corriendo. Se equivocó. El precio fue ceder la iniciativa a su rival.

CHIESA, EL RESORTE

Italia, realmente, se convenció de que la situación podía cambiar gracias a Chiesa. Fue el resorte necesario. Por decirlo claro, Chiesa se buscó la vida por su cuenta, como hizo frente a España, para soltar la primera amenaza, un latigazo raso. La repitió en la segunda parte para provocar lo mejor de Pickford y ofrecer asistencias de gol. El delantero de la Juve, que no empezó como titular, ha sido clave en los peores momentos por los que ha atravesado su selección: marcó contra Austria o España, y, ayer, enseñó los dientes cuando su equipo parecía un cordero camino del degolladero. No acabar la final por una lesión fue un castigo inmerecido. Una buena tajada de este título le pertenece.

El ímpetu de Chiesa y los movimientos de Insigne hicieron que Inglaterra cediera terreno y permitiera evolucionar a Italia en los tres cuartos. Mancini no esperó y tomó decisiones, al sacar al campo a Berardi y Cristante. Estuvo más rápido que Southgate, lento en los cambios. Cuando los hizo, equivocado.

Donnarumma detiene el penalti definitivo a Saka.
Donnarumma detiene el penalti definitivo a Saka.PAUL ELLISAFP

Lo vital, sin embargo, no eran las sustituciones, sino las intenciones, la dinámica, que pasó a ser totalmente de los italianos. Sterling y Kane, de protagonistas en la primera mitad a inéditos en la segunda. Southgate llamó a Saka y pasó a la línea de cuatro, pero ya no había forma de invertir la tendencia. Italia llegaba al área con todo lo que tenía, sus centrales incluidos. Con Chiellini y Bonucci en la alcoba de Pickford, el primero pidió penalti y segundo encontró el gol, justo con la demostración de voluntad realizada por los hombres de Mancini.

A Inglaterra, agobiada, la alivió la prórroga, a la que llegó bajo un acoso que no entendía. El tiempo extra, en cambio, se repartió entre las dos selecciones. Los penaltis, no. Sólo marcaron Kane y Maguire por los ‘pross’. Donnarumma detuvo el quinto a Saka y Wembley quedó en silencio, bajo ese estruendo de resaca que sólo se escucha en el interior de tu cabeza. El estallido de verdad estaba ya en el Mediterráneo. Forza!!

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